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enero o MIÉRCOLES desp Epifania
(Id=60)
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaban en tierra de sombras y una luz les brilló.
Pópulus qui ambulábat
in ténebris, vidit lucem magnam habitántibus
in regióne umbrae mortis
lux orta est eis.
Oremos:
Señor, luz radiante de todas las naciones: concede a los pueblos de la tierra
gozar de una paz estable, e ilumina nuestros corazones con aquella luz
espléndida que condujo a nuestros padres al conocimiento de tu Hijo. Que vive y
reina contigo...
Amén.
Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en
nosotros
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
4, 11-18
Queridos hermanos: Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros
debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; si
nosotros nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor en
nosotros es perfecto.
Es esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha comunicado
su Espíritu. Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre
envió a su Hijo como Salvador del mundo.
Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.
Nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Nuestro amor llega a la plenitud cuando esperamos confiados el día del juicio,
porque nosotros compartimos en este mundo su condición.
En el amor no hay lugar para el temor. Al contrario, el amor perfecto excluye
el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no ha alcanzado la
perfección en el amor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 71, 2.10.12-13
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Dios mío, da tu juico al rey, tu justicia al heredero del
trono; para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus humildes con equidad.
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Que los reyes de Tarsis y de los
pueblos lejanos le traigan regalos, y que le paguen tributos los monarcas de
Arabia y de Sabá.
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Porque él librará al necesitado que suplica, al humilde que
no tiene defensor; tendrá compasión del necesitado y del abandonado, y salvará
la vida de los necesitados.
Que todos los pueblos te sirvan, Señor.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido proclamado a las naciones. Gloria a ti,
Cristo Jesús, que has sido anunciado al mundo.
Glória tibi, Christe, praedicáto
géntibus; glória tibi, Christe, crédito in mundo.
Aleluya.
Lo vieron caminar sobre el agua
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 45-52
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes,
Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a
Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra.
Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se
dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes de amanecer, y parecía que
iba a pasar de largo, pero ellos, al verlo andar sobre el agua, creyeron que
era un fantasma y se pusieron a gritar; porque todos lo habían visto y estaban
espantados. Pero él les habló en seguida y les dijo:
"¡Animo! Soy yo; no teman".
Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Ellos quedaron más
sorprendidos todavía, ya que no habían entendido lo de los panes, pues su mente
seguía embotada.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Señor
Dios nuestro, fuente de la piedad sincera y del amor fraterno: que esta ofrenda
glorifique tu nombre y nuestra unión se haga fuerte por la participación en
estos sacramentos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo, luz de los pueblos
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero
misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne
mortal, nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
La Vida, que estaba con el Padre, se hizo visible y se nos
manifestó.
Vita manifestáta est, quae erat
apud Patrem, et appáruit nobis.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que tu pueblo, Señor, dirigido por tu ayuda continua, reciba los auxilios
presentes y futuros que le envías, y, sostenido por
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.